Hoy, mientras estaba sola en la librería, mientras lejos Él hacía sus cosas que no me incluyen y el Otro estudiaba, me llamó desde un estante el viejito querendón que el mundo debería extrañar tanto. Me acordé cuántas veces me citaba con él, cuántas veces era él quien me entendía. Cosas de adolescente, sonreí snob.
Este poema no lo conocía. Cómo quiero al viejito querendón, que es el único que me dedicaba poemas…
Hablo de tu soledad
Mario Benedetti
Hablo de tu infinta soledad
dijo el fulano
quisiera entrar a saco en tu memoria
apoderarme de ella
desmantelarla desmentirla
despojarla de su último reducto
tu soledad me abruma / me alucina
dijo el fulano con dulzura
quisiera que en las noches me añorara
que me echara de menos
me recibiera a solas
pero sucede que /
dijo calmosamente la mengana /
si tu bendita soledad
se funde con la mía
ya no sabré si soy en vos
o vos terminás siéndome
¿cuál de las dos será
después de todo
mi soledad legítima?
miráronse a los ojos
como si perdonaran
perdonándose
adiós
dijo el fulano
y la mengana
adiós
Les comparto este “cacho” de poesía de Benedetti que marcó mi adolescencia, poniendo en perspectiva tantos desatinos pueriles…
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.
Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra.
Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.
Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
(le pusiste mi tag a este post, Ariadna)
¿Acto fallido? Igual creo que nadie, ni por un segundo, nos confundió (tu reputación sigue intacta
)