Sentada en el cordón de una vereda, con los pies que apenas llegan al piso y el alma en soledad. Calle poco transitada, en silencio y la calidez de un sol ficticio que no sale ni se pone, simplemente está, en el cenit, evitando posibles sombras. Una irrealidad de estudio de televisión o los pasillos recónditos internos jamás transitados. Ni frío ni calor, un vacío sensorial.
Y una chica, de pocos años y excesiva inocencia, esa inocencia que perdura al paso del tiempo, inocencia que la realidad no logra someter y que traslada a mundos friccionados, de poca profundidad y dimensiones incontenibles.
Y unos ojos color café que miran fijamente del otro lado del pavimento virgen, con una línea guionada blanca jamás pisoteada. Ojos que desnudan sufrimientos, dolores pasados, y develan un alma dolorida, defraudada, azotada por una realidad que desborda, atormenta y desilusiona. Una realidad que no llama al nado ni a la batalla, pero sí a sentarse al cordón de la vereda y mirar los centímetros que aún faltan para que aquellos pequeños pies lleguen a entrar en contacto con el suelo, con las piedritas y la brea que conforman esa superficie tan áspera.
Los desencantos, las verdades disfrazadas para el carnaval de Venecia, que pierden sus máscaras con el correr de las horas, pero jamás el decorado de la vestimenta que acompaña. La ilusión, que sólo existe en contraposición con la desilusión que acaece cuando se baja el telón y no hay marcha atrás y todo es maquillaje corrido.
Las ganas de incorporarse y dejar esa calle que por algún motivo certero nadie transita, pero el piso aún está lejos. Y aunque la niña espera, no crece, sus piernas no se alargan y cada vez se hace más penetrante la mirada del otro, aquel otro que parece cada vez más cerca… como el cielo raso que aplasta después de posar en él la mirada por largos minutos.
Y en esos ojos se ve, no como ella se sueña, sino como es. Y esa realidad despierta en ella pavor e incertidumbre, mientras que en el otro, sólo amor. La existencia de un otro que la conozca mejor la perturba, pero aún más la falta de convicción de poder despertar aquellos sentimientos en una mirada ajena. Confiando en su tenacidad y fortaleza, da un salto al pavimento y comienza la travesía insondable al otro lado de la calle. Pero la vereda opuesta comienza a alejarse y el vínculo visual se debilita.
Los ojos café jamás la dejan, pero con un pestañeo recurrente comienzan a dudar. Y una vez a mitad del recorrido, perdiendo la esperanza en un fin fructífero a su osadía, la chica mira a ambos lados esperando el auto que la va a atropellar en su camino. Pero no hay nada, ni un sonido, ni una amenaza… y ante la falta de esta amenaza externa, aparece la interna. Primera la quietud total, seguida por un retroceso en puntas de pie. Poco a poco la niña vuelve a su cordón. Sin dejar de sumergirse en los ojos café, casi tropieza con la realidad que bordea la calle, sobre la cual se desploma.
Y la situación se repite una y otra vez. Y como un auto que acelera con el freno de mano puesto, las gomas se erosionan en la fricción con la superficie del pavimento, el motor recalienta y el conductor se baja desganado sin comprender la falencia de su locomoción. Y así llega el momento en que ella decide abandonar la calle desolada. Baja la mirada y ve cómo sus pies ya llegan al fondo de ese cordón que una vez le pareció un precipicio. Y sin levantar los ojos del suelo se incorpora, da media vuelta y entra por la puerta de esa casa que tantas veces fue su refugio. Y sin levantar los ojos del suelo recompone un poco su alma y se arma de valor para enfrentar los pocos pasos que la distancian de umbral. Y sin levantar los ojos del suelo, jamás logra ver a los ojos café que finalmente cruzaron la calle, ojos café que ya sin esperanzas se desploman en ese mismo cordón desde el que ella lo había mirado durante tanto tiempo. Se desploma con la ilusión de que ella, algún día volverá a salir y que entonces estarán ambos en el mismo lado de la calle, compartiendo la misma vereda.
Esos ojos
junio 3, 2009 por coronelasal
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me gusto, me gusto mucho mucho, como describes todo. aveces se te pierde el hilo. pero las descripciones son geniales. MAS o menos que te hcen sentir como en un ensueño.
ya se que es raro que venga un extrana a comentarte a tu blog. pero lo vi de pasado y lo lei y me gusto.
y el acerca de este blog a todo esto… es cuatico. decribe caleta lo que me pasa…
no se,
buena suerte.
*la ultima parte… estaba hablando literalmente de el ‘acerca de’ d el blog… no que hablaba de el blog como conjunto.
Muchas gracias! Como amigas piadosas, así se lee