Mr. Darcy, convengamos: ninguna se opone a tener uno a mano. Eso desde el vamos.
Pero pensémoslo un segundo, ¿cuál es el mayor atractivo que tiene? (sí, es un caño, inteligente, sensible, protege los DDHH, bla bla). Como la más cercana de las posteantes a Bridget puedo decirlo: Mr. Darcy es un hombre que tiene la capacidad de hacer sentir bien a la mujer que lo tiene consigo misma, ese es su encanto. Es un hombre-sube-autoestima. ¿Por qué digo esto? Porque a todas se nos puso la piel de gallina (como a unas idiotas) cuando él dijo “I like you just the way you are”. No radica en el juego previo (en el hacerla sentir mal consigo misma, no recuerdo la frase exacta pero era algo así como gorda borracha que no sabe cerrar la boca), tampoco en su dificultad (vamos, hombres que nos ningunean, nos hacen sentir mierda y además tienen una mirada para el crimen conocemos todas).
Básicamente la minúscula hombría de Mr. Darcy se despliega de la siguiente manera. Dado que sabe que de frente no tiene chances (Bridget se hará mucho la boluda pero bien que se empolvaba a un dandy de verdad), su juego de seductor consiste en convertirse a si mismo en una especie de suplicio de Tántalo. No hace más que poner su belleza en evidencia, pero sólo de manera tal que contraste con la pésima autoestima de la víctima (porque todas las mujeres, indefectiblemente, tenemos pésima autoestima). Una vez que la víctima se come los codos por la incomprensión, siente que debería haberse pasado los últimos seis años de su vida en un gimnasio y que no hay manera de que un hombre como ÉL se fije en una mujer como ELLA ahí, y sólo ahí y si el juego no lo aburrió antes, aparece hecho un caramelo Sugus para ponerse disponible. Lo triste es con las pocas frases con las que consigue mantener nuestra atención, al ser difícil con muy poco nos sentimos honradas de contar con su galante despliegue poético. Eso no es ser misterioso, ni ser profundo, eso es cinismo, cinismo puro y del barato y que pocas veces tiene que ver con algo de verdad. Y tú lo has dicho Armanda, lo sentimos un enemigo, y lo sentimos así porque lo es. Y la victoria sobre un hombre como él es tan vacía, tan vana que deberíamos avergonzarnos de caer en trucos tan baratos y que atentan contra lo que realmente deberíamos a haber aprendido de mamá Jane: valemos por nosotras, ni siquiera por nuestra inteligencia, ni por nuestra capacidad dialéctica, ni por los tontos juegos que podemos sostener hasta el hartazgo, just the way we are.
Llámame postmo si querés, pero honestamente, entiendo pocos gestos más de hombría que el que juega en descubierto. O mejor aún: no juega. La imagen más británica que se me ocurre es la del caballero, digno, orgulloso, viril, centrado. El que viene a reclamar lo que quiere, sin vueltas, sin juegos, llega y se planta siempre con un quiero vale cuatro entre los dientes. Guarda, hay un descoloque ante semejante franqueza tan propia de tiempos sin idioteque- chat ni mucho tiempo para el boludeo. No es fácil, ni cómodo, es casi insólito. Un hombre bien parado que sabe lo que quiere, incluso que lo exige. Imaginémoslo por un segundo… ¡cuesta! Y es que no es fácil, nada fácil (de hecho ya afirmé que dudo de su existencia).
Y como última cosa. Esto es totalmente personal. La verdad a mí lo que me aburre es tener que pelearla tanto. Nada más divertido que un quiero vale cuatro, un jodido apurón, un no dilatar el empiece. Porque a fin de cuentas lo peor que tienen las novelas modernas es que terminan en el casamiento (no por el casamiento en sí, sino que ahí es donde la cosa se tendría que poner interesante, no terminar). Ni en pedo, pero ni en pedo ni por diez segundos más, más cinismo, más histeria. Después de todo los hombres hermosos y aburridos son eso, exigentes, infantiles, inmaduros. Por eso cansan. Basta de eso. Y si para colmo se hacen rogar… yo creo que es porque saben que una vez concretado el asunto se quedan sin mucho qué ofrecer ¿qué haces con el rey de la histeria un domingo lluvioso? ¿Buscar roña para poder desplegar el juego dialéctico? ¿lo esperas en tu casa cortando clavos junto al teléfono a que se digne a privilegiarte con el sonido de su voz?
Pero ni en pedo, muerte a los Darcy, a los Big, a los Joel (del Eterno resplandor), a cómo se llame el personaje puto de Antes del amanecer. Basta de delay, si tuvieran algo para ofrecernos ya hubieran venido a mostrárnoslo como hombres. Pero todo radica en otra cualidad que yo dudo que tengan honestamente, atrás de todo su chamuyo barato que les surge sólo de extensas horas de mirarse el bello ombligo, ¿se darán cuenta cómo es ese way we are?